Cómo fortalecer tu sistema inmunitario (de verdad): 11 claves desde la salud integrativa
Nuestro sistema inmunitario no se “activa” solo cuando enfermamos.
Se construye cada día, a través de cómo comemos, dormimos, entrenamos, gestionamos el estrés y cuidamos nuestro sistema digestivo y nervioso.
En consulta veo a menudo personas que “lo hacen todo bien” y aun así enferman con facilidad. No es falta de defensas: es un sistema agotado, inflamado o mal regulado.
Aquí te comparto 11 claves prácticas y realistas para reforzar tu sistema inmunitario desde un enfoque integrativo. No son fórmulas mágicas. Son bases fisiológicas.
Este contenido es divulgativo y no sustituye una valoración profesional individual, especialmente si existe patología previa.
1. Ejercicio: ni parar siempre, ni forzar nunca
El movimiento no debilita el sistema inmune cuando está bien dosificado.
De hecho, el ejercicio regular mejora la vigilancia inmunitaria y reduce inflamación crónica.
La regla práctica es sencilla:
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Si no hay fiebre ni síntomas intensos (dolor muscular, agotamiento profundo), puedes moverte.
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Si hay fiebre, malestar general o dolor corporal, descansa.
El problema no es entrenar estando enfermo.
El problema es no saber ajustar, no respetar deloads y seguir exigiendo rendimiento cuando el cuerpo pide reparación.
2. Micronutrientes clave: sin déficits, sin obsesión
Un sistema inmune no funciona sin materia prima.
Los déficits más frecuentes que veo en consulta:
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Zinc
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Vitamina D
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Vitamina C
No porque falten suplementos, sino porque:
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La dieta es pobre
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Hay malabsorción intestinal
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Hay inflamación crónica o estrés elevado
Más no siempre es mejor.
Pero no llegar a lo mínimo sí es un problema.
Especial atención en personas:
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Vegetarianas
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Con problemas digestivos
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Con infecciones recurrentes
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Con fatiga crónica
Varios estudios han explorado el uso de pastillas de zinc para chupar (especialmente acetato de zinc o gluconato de zinc) iniciadas dentro de las primeras 24 h desde el comienzo de los síntomas de resfriado o gripe.
3. Ajo: simple, antiguo y eficaz
El ajo tiene efectos inmunomoduladores reales.
No “sube defensas”, las regula.
Puede ayudar a:
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Reducir duración de infecciones
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Disminuir intensidad de síntomas
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Apoyar la respuesta inflamatoria adecuada
Si el ajo fresco no te sienta bien o no es viable, el extracto de ajo envejecido es una buena alternativa, en dosis moderadas y bien formuladas.
4. Dormir no es opcional (aunque lo tratemos como si lo fuera)
Dormir poco desorganiza el sistema inmune, aumenta inflamación y reduce la capacidad de respuesta frente a infecciones.
No es solo cantidad. Es:
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Regularidad
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Profundidad
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Ritmo circadiano
Si enfermas con facilidad y duermes mal, no es casualidad.
¿Y Maria, cuántas horas?
Según la evidencia científica actual y las recomendaciones de organismos como la National Sleep Foundation y consensos internacionales en medicina del sueño, las necesidades de sueño varían principalmente según la edad: los preescolares (3–5 años) necesitan entre 10 y 13 horas diarias, los niños en edad escolar (6–13 años) entre 9 y 11 horas, los adolescentes (14–17 años) entre 8 y 10 horas, mientras que los adultos (hombres y mujeres) deberían dormir de media entre 7 y 9 horas por noche, y los mayores de 65 años alrededor de 7–8 horas; aunque no existen grandes diferencias oficiales entre hombres y mujeres en cuanto a horas recomendadas, algunos estudios observacionales sugieren que las mujeres pueden necesitar ligeramente más sueño o presentar mayor sensibilidad a la falta de descanso debido a factores hormonales y de carga mental, siendo en cualquier caso clave no solo la cantidad, sino la calidad del sueño para la salud inmunitaria, metabólica y neurológica.
5. Lavados nasales: prevención y alivio real
Las vías respiratorias son una puerta de entrada directa.
El lavado nasal con solución salina:
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Reduce carga viral
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Mejora drenaje
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Alivia congestión
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Puede acortar procesos infecciosos
Especialmente útil en personas con:
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Sinusitis
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Rinitis
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Infecciones respiratorias recurrentes
6. Higiene con sentido común (no desde el miedo)
La higiene básica protege.
La obsesión constante puede debilitar la exposición adaptativa.
Lávate las manos:
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Después de entrenar
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Antes de comer
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Al volver de espacios compartidos
No hace falta vivir desinfectando todo.
7. Comer cuando el cuerpo lo pide (y parar cuando no)
El cuerpo sabe.
Con fiebre:
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Disminuye el apetito
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Se activan procesos inmunes que no dependen de energía inmediata
Con resfriado leve:
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Comer bien puede ayudar a recuperar antes
En ambos casos:
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Mantén proteína suficiente
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Prioriza digestibilidad
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No fuerces cantidades
8. Caldos: digestión fácil, sistema inmune agradecido
El caldo no es “un remedio de abuela”.
Es nutrición funcional:
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Hidratación
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Minerales
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Aminoácidos
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Apoyo digestivo
Especialmente útil cuando el sistema digestivo está sensible.
9. Fiebre y dolor: no siempre hay que apagarlo todo
La fiebre es una respuesta adaptativa.
Bloquearla de forma sistemática puede alargar procesos infecciosos.
No se trata de aguantar por aguantar, sino de:
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Entender cuándo intervenir
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Elegir bien el tipo de analgésico
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No medicar por inercia
Siempre con criterio y, si hay dudas, con acompañamiento médico. Te dejo aquí una receta brutal.
10. Cuando el intestino protesta, el sistema inmune escucha
Más del 70% del sistema inmunitario está ligado al intestino.
Si hay diarrea o malestar digestivo:
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Reduce fibra
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Evita cafeína
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Prioriza alimentos simples y bien tolerados
- Incorpora un suplemento de Saccaromyces Boulardii, ayudará con la diarrea
Cuidar el intestino no es secundario, es central para la inmunidad.
11. La inmunidad no se construye en urgencias
No se refuerza cuando ya estás enfermo.
Se construye:
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En el descanso
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En la digestión
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En el movimiento regulado
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En el sistema nervioso
Y eso no se consigue con “tips”, sino con procesos bien acompañados.
Si sientes que enfermas con facilidad, te inflamas o no terminas de recuperarte…
No suele ser “bajas defensas”.
Suele ser un sistema desregulado.
En el enfoque integrativo trabajamos la inmunidad desde:
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Nutrición
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Salud digestiva
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Estrés y sistema nervioso
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Movimiento adaptado
Porque la inmunidad no se fuerza.
Se acompaña.
¿Sientes que enfermas con facilidad, te cuesta recuperarte o tu cuerpo vive en “modo alerta”?
En muchos casos no es falta de defensas, sino un sistema inmunitario desregulado, inflamado o agotado.
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