Ferritina baja y anemia: nuevas guías 2026, causas y cómo subir el hierro correctamente

Ferritina baja y anemia: nuevas guías 2026, causas y cómo subir el hierro correctamente

¿Tienes la ferritina baja aunque tu hemoglobina salga normal? ¿Llevas meses tomando hierro y apenas consigues subirlo? ¿Te han dicho que “está dentro de rango” pero sigues con cansancio, caída del cabello, falta de concentración o peor rendimiento físico?

Este artículo llega además en un momento especialmente interesante porque en septiembre de 2026 la American Society of Hematology (ASH) ha publicado nuevas guías para el diagnóstico del déficit de hierro, revisando precisamente uno de los problemas que llevamos años viendo en consulta: utilizar determinados rangos de laboratorio puede hacer que personas con depósitos insuficientes de hierro pasen desapercibidas.

Y aquí está lo interesante: tener déficit de hierro no es lo mismo que tener anemia ferropénica.

Puedes tener una hemoglobina perfectamente conservada mientras tus reservas de hierro ya están disminuyendo.

De hecho, el déficit de hierro puede existir antes de que aparezca la anemia. Primero disminuyen las reservas; si el problema continúa y el hierro disponible resulta insuficiente para mantener una eritropoyesis adecuada, finalmente puede alterarse la hemoglobina.

Por eso mirar únicamente la hemoglobina se nos puede quedar muy corto.

Pero hay otra cosa que quiero dejar clara desde el principio: encontrar una ferritina baja no debería ser el final del diagnóstico. Debería ser el principio de la investigación.

Porque podemos darte hierro.

Pero la pregunta que realmente me interesa es:

¿Por qué lo estás perdiendo, por qué no lo absorbes o por qué tu organismo no consigue utilizarlo correctamente?


Las nuevas guías de déficit de hierro de 2026: ¿qué ha cambiado?

La American Society of Hematology publicó en septiembre de 2026 sus nuevas guías para el diagnóstico del déficit de hierro.

Uno de los puntos más relevantes es establecer umbrales diagnósticos más claros según el contexto clínico.

Hasta ahora era frecuente encontrar laboratorios en los que una ferritina de 15, 18 o 20 ng/mL aparecía dentro del rango de referencia.

Y aquí tenemos que distinguir algo importantísimo:

“Estar dentro del rango del laboratorio” y tener unas reservas de hierro adecuadas no son necesariamente la misma cosa.

Los rangos de referencia de laboratorio y los puntos de decisión clínica no responden exactamente a la misma pregunta. El objetivo de estas recomendaciones es identificar mejor cuándo existe realmente déficit de hierro, teniendo además en cuenta situaciones como la inflamación, el embarazo o el sangrado menstrual abundante.

¿Qué ferritina se considera baja según las nuevas guías?

Como referencia general, las nuevas recomendaciones sitúan el diagnóstico de déficit de hierro en adultos en una ferritina ≤30 ng/mL.

En determinadas situaciones clínicas —como sangrado menstrual abundante, síntomas compatibles, embarazo con factores adicionales de riesgo u otros contextos seleccionados— pueden ser apropiados umbrales superiores, llegando a 50 ng/mL.

Y existe otro escenario completamente diferente: la inflamación.

Aquí interpretar la ferritina se vuelve bastante más complejo.


Una ferritina “normal” no siempre descarta déficit de hierro

La ferritina es uno de nuestros principales marcadores para estimar las reservas de hierro, pero tiene una peculiaridad importante:

también es un reactante de fase aguda.

Puede aumentar en presencia de inflamación.

Por eso una persona con una ferritina aparentemente normal no tiene automáticamente unos depósitos maravillosos.

En contextos inflamatorios, las nuevas recomendaciones amplían el umbral diagnóstico y dan especial importancia a la saturación de transferrina (TSAT).

Esto no significa que toda persona con ferritina inferior a 100 ng/mL tenga déficit de hierro.

Significa que el contexto importa.

En consulta podemos valorar, dependiendo del caso, hemograma, ferritina, transferrina, saturación de transferrina, hierro sérico y marcadores inflamatorios, entre otros parámetros.

El hierro sérico aislado, por cierto, aporta bastante menos información de la que mucha gente cree. Puede fluctuar considerablemente y no debería utilizarse solo para concluir que tus reservas de hierro son adecuadas.


¿Por qué tengo la ferritina baja?

Aquí empieza para mí la parte realmente importante.

El déficit de hierro puede aparecer fundamentalmente porque pierdes demasiado hierro, consumes poco, necesitas más o no consigues absorber/utilizar adecuadamente el que tienes.

Y las causas más probables cambian muchísimo dependiendo de quién tenemos delante.


Causas de ferritina baja en mujeres

En una mujer en edad fértil, una de mis primeras preguntas es muy sencilla:

¿Cómo son tus menstruaciones?

El sangrado menstrual abundante es una de las causas más importantes de déficit de hierro en mujeres.

Y aquí veo algo continuamente en consulta.

Mujeres que llevan años diciéndome:

“Yo siempre he sangrado muchísimo.”

Como si llevar toda la vida haciéndolo significara necesariamente que es normal.

Tener que cambiar continuamente de protección, levantarte por la noche para cambiarte, sangrar durante muchos días, tener pérdidas que interfieren con tu vida diaria o expulsar coágulos importantes merece valoración.

Porque suplementar hierro sin investigar un sangrado menstrual excesivo es intentar llenar continuamente un depósito mientras sigue abierto el grifo.

Y aquí la salud hormonal y ginecológica importa muchísimo.

Detrás de un sangrado uterino anormal podemos encontrar situaciones muy diferentes: miomas, adenomiosis, alteraciones endometriales, trastornos ovulatorios, determinados tratamientos farmacológicos, alteraciones de la coagulación y otras causas ginecológicas.

Por eso, en una mujer con ferritina persistentemente baja, no queremos limitarnos a pautar hierro: queremos entender por qué está perdiendo hierro.

También existen etapas donde las necesidades aumentan considerablemente, como el embarazo y el posparto, y situaciones en las que la ingesta no consigue cubrir las necesidades.

Puedes leer también nuestro artículo sobre la relación entre hormonas y síntomas digestivos:

https://mpunti.es/blogs/equilibrio-hormonal/las-hormonas-pueden-provocarte-sintomas-digestivos-te-contamos-como-resolverlo

Pero ¿cuánto es “sangrar mucho”?

Esta es una pregunta que hago muchísimo en consulta porque decir “tengo reglas normales” es bastante subjetivo. Si llevas toda la vida sangrando mucho, probablemente ese sea tu concepto de normalidad.

Como orientación, una menstruación suele durar alrededor de 4–5 días y la pérdida total de sangre suele rondar unas 2–3 cucharadas (aprox. 30–45 mL). Más que intentar medir mililitros —que evidentemente nadie hace en su casa—, podemos fijarnos en cómo utilizas tampones y compresas. CDC

Empapar completamente una compresa o un tampón cada 1–2 horas, necesitar cambiarte durante la noche, utilizar doble protección, tener “escapes” frecuentes, expulsar coágulos grandes o sangrar durante más de 7 días ya son señales de que podemos estar ante un sangrado menstrual abundante. El CDC considera especialmente llamativo empapar uno o más tampones o compresas cada hora durante varias horas consecutivas. 

Para que te hagas una idea práctica: no es lo mismo cambiarte un Tampax porque han pasado 4–6 horas y quieres cambiarlo por higiene, que empapar un Tampax Super y necesitar otro a la hora o dos horas porque ya está saturado. Lo mismo con las compresas: cambiar una compresa varias veces al día no significa automáticamente que sangres demasiado; lo que nos llama la atención es saturarla rápidamente, tener fugas pese a utilizar una absorción adecuada o necesitar combinar tampón + compresa para no mancharte.

Y tampoco me quedaría únicamente con el número de tampones. La capacidad cambia muchísimo según la marca, el modelo y si hablamos de Regular, Super o Super Plus. Por eso clínicamente importa más saber cada cuánto lo saturas, si tienes que levantarte por la noche, si hay coágulos grandes y si la regla condiciona tu vida diaria.

De hecho, las guías actuales dan cada vez más importancia a esto último: si el sangrado te obliga a organizar tu día alrededor del baño, te impide entrenar, trabajar con normalidad, dormir toda la noche o salir de casa tranquila, también es información clínica relevante, aunque nunca hayas medido cuántos mililitros pierdes. NICE define precisamente el sangrado menstrual abundante por su impacto físico, social, emocional o material en la calidad de vida.


¿Y si eres hombre y tienes el hierro bajo?

Aquí cambia bastante la película.

Un hombre adulto no tiene las pérdidas menstruales que pueden explicar buena parte de los déficits de hierro en mujeres jóvenes.

Por supuesto, podemos encontrar una ingesta insuficiente, donaciones frecuentes de sangre, deporte de resistencia o problemas de absorción.

Pero una anemia ferropénica sin una explicación clara en un hombre adulto obliga a investigar la causa y prestar especial atención a posibles pérdidas gastrointestinales.

Lo mismo ocurre en mujeres posmenopáusicas.

Las guías de la British Society of Gastroenterology destacan precisamente la importancia de investigar adecuadamente una anemia ferropénica inexplicada en estos grupos.

Esto no significa que tener hierro bajo implique automáticamente tener una enfermedad digestiva grave.

Significa algo mucho más sencillo:

si no sabemos por qué estás perdiendo hierro, tenemos que averiguarlo.

No deberíamos quedarnos simplemente en:

“Te doy hierro y repetimos la analítica en tres meses.”


“Como carne y tomo hierro. ¿Por qué no me sube?”

Esta es probablemente una de las preguntas que más escuchamos.

Y aquí empieza una parte que me interesa muchísimo porque:

comer hierro no significa necesariamente absorber hierro.

El hierro se absorbe principalmente en el duodeno y yeyuno proximal. Diferentes enfermedades gastrointestinales pueden interferir con esa absorción.

Por eso, cuando una persona lleva meses suplementándose correctamente y su ferritina apenas responde, tenemos que empezar a preguntarnos qué ocurre en su aparato digestivo.


Celiaquía y déficit de hierro

La celiaquía es uno de los ejemplos más importantes.

Puede presentarse con síntomas digestivos muy evidentes, pero también puede hacerlo de una forma muchísimo más silenciosa.

Y en algunos pacientes, el déficit de hierro o la anemia ferropénica pueden ser una de sus manifestaciones principales.

Por eso las guías clínicas contemplan el cribado de enfermedad celíaca dentro del estudio de determinados pacientes con anemia ferropénica.

Y ojo: no necesitas tener diarrea todos los días para que la celiaquía forme parte del diagnóstico diferencial.


Helicobacter pylori, estómago y hierro

También podemos necesitar mirar hacia el estómago.

La infección por Helicobacter pylori, determinadas gastritis y la gastritis atrófica pueden relacionarse con problemas en el metabolismo o absorción del hierro.

Esto adquiere especial relevancia cuando existe mala respuesta persistente al hierro oral y no encontramos una explicación evidente.

La acidez gástrica también participa en el proceso de absorción del hierro no hemo.

Por eso, en determinados pacientes, revisamos también el uso prolongado de medicamentos que reducen la secreción ácida, como los inhibidores de la bomba de protones.

Eso tampoco significa que tomar omeprazol vaya a producir automáticamente déficit de hierro.

Significa que, cuando tenemos delante un déficit persistente y difícil de corregir, tenemos que mirar el contexto completo.


Microbiota y hierro: una relación mucho más interesante de lo que parece

Aquí quiero hacer un inciso porque este tema se simplifica muchísimo en redes sociales.

La microbiota intestinal y el metabolismo del hierro están relacionados.

El hierro es esencial para nosotros, pero también es utilizado por numerosos microorganismos.

La cantidad de hierro disponible en el lumen intestinal puede influir sobre el ecosistema microbiano y, al mismo tiempo, existe una interacción entre microorganismos, mucosa intestinal, inflamación y los mecanismos mediante los cuales nuestro organismo controla la disponibilidad del hierro.

Y esto se vuelve especialmente interesante cuando hablamos de inflamación y hepcidina.

Pero quiero ser rigurosa:

tener “disbiosis” no significa automáticamente que esa sea la causa de tu ferritina baja.

No pediría un test de microbiota como primera prueba a cualquier persona con ferritina en 20.

Antes tenemos que descartar causas mucho más establecidas clínicamente: pérdidas menstruales o gastrointestinales, celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, problemas gástricos, ingesta insuficiente, determinadas medicaciones, cirugía digestiva, embarazo…

Después, si además tenemos una persona con hinchazón, diarrea o estreñimiento persistentes, dolor abdominal, restricciones alimentarias importantes o problemas digestivos recurrentes, evidentemente el intestino adquiere todavía más importancia.

La microbiota puede formar parte del puzzle.

Pero no debería utilizarse como explicación automática para cualquier déficit de hierro.


Hepcidina: por qué tomar más hierro no siempre significa absorber más

Este es uno de los puntos que más me gusta explicar porque cambia bastante la forma clásica de suplementar hierro.

La hepcidina es una hormona producida principalmente por el hígado y es una de las grandes reguladoras del metabolismo del hierro.

Actúa sobre una proteína llamada ferroportina, que participa en la salida del hierro desde los enterocitos hacia la circulación y en la movilización del hierro almacenado.

Cuando aumenta la hepcidina, disminuye la disponibilidad de hierro.

Simplificándolo muchísimo:

hepcidina alta → menos hierro disponible para el organismo.

Y aquí ocurre algo bastante curioso.

Tomar una dosis de hierro oral puede aumentar transitoriamente la propia hepcidina.

En estudios realizados en mujeres con déficit de hierro, este aumento puede mantenerse durante aproximadamente 24 horas y disminuir la absorción de una dosis posterior.

Precisamente por eso se ha estudiado la administración de hierro en días alternos.

Un trabajo publicado en Haematologica observó una mayor absorción fraccional del hierro administrado en días alternos frente a días consecutivos en mujeres con anemia ferropénica.

https://haematologica.org/article/view/9379

Por eso hemos ido abandonando progresivamente aquella idea de:

“Cuanto más hierro y más veces al día, mejor.”

No necesariamente.

La American Gastroenterological Association recomienda administrar hierro oral como máximo una vez al día, señalando además que la administración en días alternos puede tolerarse mejor en algunos pacientes manteniendo una absorción adecuada.

https://gastro.org/clinical-guidance/management-of-iron-deficiency-anemia/

Eso tampoco significa que todo el mundo deba empezar mañana a tomar hierro en días alternos.

La dosis, la formulación y la frecuencia deberían adaptarse al caso.


¿Qué tipo de hierro elegir y qué dosis se utilizan?

Aquí hay otra cosa que veo muchísimo: personas que han probado tres, cuatro o cinco suplementos distintos sin saber realmente cuánto hierro elemental están tomando.

No todos los suplementos de hierro son iguales.

Las sales ferrosas clásicas —como sulfato ferroso, fumarato ferroso o gluconato ferroso— siguen siendo opciones habituales y cuentan con mucha experiencia clínica. El problema es que algunas personas presentan náuseas, estreñimiento, dolor abdominal u otras molestias digestivas.

Y aquí hay un detalle importante:

cuando compares suplementos, fíjate en los miligramos de hierro elemental, no únicamente en los miligramos totales del compuesto.

Dos productos pueden mostrar cantidades muy diferentes en la etiqueta y aportar cantidades similares de hierro elemental.

Cuando existe mala tolerancia podemos valorar otras formulaciones, como hierro bisglicinato. También existen formulaciones como el hierro sucrosomial, aunque tienen un coste superior y no todas cuentan con el mismo volumen de evidencia clínica que las sales ferrosas tradicionales.

¿Y qué ocurre con la dosis?

Aquí tampoco existe una cantidad universal.

Dependiendo del grado de déficit, la formulación, la tolerancia y el objetivo terapéutico, en adultos se utilizan diferentes dosis de hierro elemental, frecuentemente dentro de un rango aproximado de 40–100 mg por toma.

Pero esto no significa que una persona con ferritina baja deba empezar por su cuenta a tomar 100 mg.

Porque vuelve a entrar en juego todo lo que acabamos de explicar sobre la hepcidina:

duplicar la dosis no significa duplicar el hierro que absorbes.

La AGA recomienda no administrar hierro oral más de una vez al día y contempla los días alternos como una estrategia que puede mejorar la tolerancia en algunos pacientes.

https://gastro.org/clinical-guidance/management-of-iron-deficiency-anemia/

Primero tenemos que confirmar el déficit, buscar su causa y después decidir qué hierro, qué dosis y qué frecuencia tienen sentido para esa persona.


Inflamación, hepcidina y déficit funcional de hierro

Aquí tenemos otra pieza muy importante.

No todo déficit de hierro funciona igual.

En el déficit absoluto de hierro, las reservas están realmente disminuidas.

Pero podemos encontrarnos también con un déficit funcional de hierro.

En determinados contextos inflamatorios, el organismo aumenta la producción de hepcidina.

La hepcidina reduce la actividad de la ferroportina, disminuye la absorción intestinal y favorece que el hierro quede retenido en determinadas células y depósitos.

Es decir:

puede existir hierro almacenado, pero no estar suficientemente disponible para los tejidos.

Y esto explica una situación aparentemente contradictoria.

Una persona puede tener inflamación, una ferritina que no parece especialmente baja y, sin embargo, presentar una disponibilidad insuficiente de hierro.

Precisamente por eso, en estos pacientes, mirar únicamente la ferritina puede llevarnos a error y parámetros como la saturación de transferrina adquieren especial importancia.


Cómo subir la ferritina: alimentación y estrategias que utilizamos

Aquí tampoco quiero que nos vayamos al extremo de pensar que una anemia importante se va a solucionar comiendo lentejas.

Cuando existe un déficit establecido podemos necesitar suplementación y, en algunos casos, tratamiento intravenoso.

Pero la alimentación importa muchísimo, tanto para recuperar las reservas como para evitar que el problema vuelva.

1. Prioriza buenas fuentes de hierro

Tenemos dos grandes tipos de hierro en nuestra alimentación: hierro hemo y hierro no hemo.

El hierro hemo se encuentra principalmente en alimentos de origen animal como carne, pescado y marisco y presenta generalmente una mayor biodisponibilidad.

No necesitas comer hígado todos los días.

Podemos construir una alimentación variada incluyendo diferentes fuentes de hierro adaptadas a las preferencias y necesidades de cada persona.

En alimentos vegetales encontramos hierro en legumbres, tofu, semillas, frutos secos, determinados cereales y verduras.

Pero aquí tenemos principalmente hierro no hemo, cuya absorción está mucho más condicionada por los demás componentes de la comida.

Y por eso no me interesa únicamente cuánto hierro contiene un alimento.

Me interesa cuánto puedes terminar absorbiendo.

2. Hierro vegetal + vitamina C

Esta combinación es sencillísima y tiene bastante sentido.

Lentejas + pimiento.

Garbanzos + tomate y pimiento.

Tofu + verduras ricas en vitamina C.

Legumbres + kiwi, naranja o fresas de postre.

La vitamina C puede favorecer la absorción del hierro no hemo.

No necesitas convertir cada comida en una ecuación.

Pero si tenemos una persona con depósitos bajos, podemos utilizar estas combinaciones estratégicamente.

Y una puntualización: esto no significa que toda persona que toma hierro necesite obligatoriamente añadir un suplemento de vitamina C. Una cosa es aprovechar la composición de los alimentos para favorecer la absorción y otra suplementar automáticamente.

3. Aleja el café y el té de las comidas más importantes

Este cambio es muy sencillo.

Los polifenoles presentes en café y té pueden disminuir la absorción del hierro no hemo cuando se consumen simultáneamente.

¿Significa que tienes que dejar el café?

No.

Simplemente intentaría no colocar tu café justo al lado del suplemento de hierro o acompañando a la comida que estamos diseñando específicamente para aumentar tu aporte de hierro.

Muchas veces mejorar la absorción no consiste en añadir más cosas.

Consiste en dejar de poner obstáculos.

4. Revisa qué suplementos tomas juntos

Esto lo veo continuamente.

Desayuno: café con leche, hierro, calcio, magnesio, multivitamínico y cinco cápsulas más.

Todo junto.

Y después:

“María, llevo seis meses tomando hierro y no me sube.”

El calcio puede interferir de forma aguda con la absorción del hierro cuando ambos coinciden, aunque su efecto sobre el estado de hierro a largo plazo es más complejo.

Si estamos utilizando hierro terapéutico, merece la pena revisar qué estamos tomando alrededor de esa dosis.

A veces no necesitamos otra cápsula.

Necesitamos ordenar las que ya tenemos.

5. Si el hierro te sienta fatal, no abandones directamente el tratamiento

Hay personas que intentan tomarlo en ayunas porque han leído que así se absorbe mejor y terminan con náuseas, dolor abdominal o estreñimiento.

Si tomarlo en ayunas hace que acabes abandonándolo, podemos adaptar la pauta, cambiar la formulación o valorar tomarlo con algo de comida, asumiendo que esto puede modificar la absorción.

Porque un tratamiento teóricamente perfecto que no consigues mantener no es un buen tratamiento para ti.


¿Y si el hierro oral no funciona?

Esta es otra cuestión importante.

Si una persona lleva meses tomando correctamente hierro oral y sus parámetros no mejoran como esperaríamos, no deberíamos mantener exactamente la misma estrategia indefinidamente.

Tenemos que revisar si lo está tomando correctamente, si la dosis es adecuada, si lo tolera, si continúan existiendo pérdidas, si existe inflamación, si hay celiaquía u otra causa de malabsorción, si existe una enfermedad gastrointestinal, si la menstruación es excesivamente abundante o incluso si estamos seguros de que el diagnóstico inicial era correcto.

Porque la falta de respuesta al hierro también es información clínica.

No simplemente mala suerte.


¿Cuándo utilizamos hierro intravenoso?

El hierro intravenoso puede ser muy útil cuando el hierro oral no se tolera, no consigue corregir el déficit, existe mala absorción o necesitamos una reposición más rápida.

Por ejemplo, una persona con una ferritina de 5–8 ng/mL, una saturación de transferrina del 7–10% y una hemoglobina de 8–9 g/dL puede tener un déficit de hierro importante. No son cifras que indiquen automáticamente hierro intravenoso, pero nos ayudan a entender algo: cuando necesitamos reponer una cantidad grande de hierro, la capacidad de hacerlo únicamente a través del intestino puede quedarse corta, especialmente si además seguimos teniendo pérdidas, inflamación o problemas de absorción.

La American Gastroenterological Association recomienda considerar hierro intravenoso cuando el paciente no tolera el hierro oral, la ferritina no mejora tras un ensayo adecuado o existe una situación en la que es improbable que el hierro oral se absorba correctamente.

https://gastro.org/clinical-guidance/management-of-iron-deficiency-anemia/

La ventaja es que nos saltamos la barrera intestinal y podemos reponer una cantidad mucho mayor de hierro de forma más rápida. Pero tampoco deberíamos banalizarlo: se administra bajo supervisión sanitaria y puede producir efectos adversos, aunque las reacciones anafilácticas verdaderas con las formulaciones actuales son infrecuentes.

Y volvemos otra vez a lo mismo:

el hierro intravenoso puede rellenar muy eficazmente el depósito, pero no cierra el agujero por el que estás perdiendo hierro.

Si tienes menstruaciones extremadamente abundantes, celiaquía, una pérdida gastrointestinal o un proceso inflamatorio que está alterando el metabolismo del hierro, tenemos que encontrar y tratar también esa causa.


Entonces, si tengo ferritina baja, ¿qué debería investigar?

No existe una batería universal de pruebas para todo el mundo.

Y precisamente ahí está la medicina bien hecha.

Una mujer de 27 años con menstruaciones muy abundantes no necesita exactamente el mismo estudio que un hombre de 55 años con una anemia ferropénica de nueva aparición.

Ni que una mujer con enfermedad inflamatoria intestinal.

Ni que una persona que se ha sometido a cirugía bariátrica.

Ni que una deportista con una ingesta energética insuficiente.

Pero la lógica clínica debería ser siempre parecida:

confirmar el déficit → reponer el hierro → buscar la causa → comprobar la respuesta → evitar que vuelva a ocurrir.

No simplemente:

ferritina baja → hierro.


Cómo abordamos la ferritina baja en MPUNTI

Esto es precisamente lo que intentamos hacer diferente en consulta.

No tratamos una ferritina.

Tratamos a la persona que tiene esa ferritina baja.

Si eres una mujer que lleva años con reglas abundantes, necesitamos mirar tu salud hormonal y ginecológica.

Si llevas meses tomando hierro y no consigues subirlo, queremos entender si existe un problema de absorción o salud digestiva.

Si tienes hinchazón, diarrea, estreñimiento, intolerancias o antecedentes digestivos, podemos necesitar estudiar el intestino.

Si tu alimentación aporta poco hierro, sigues una dieta vegetariana o vegana o simplemente estás combinando los alimentos de una forma que dificulta su absorción, nuestro equipo de Nutrición puede trabajar esa parte.

Y nuestro equipo médico puede integrar la analítica, realizar el diagnóstico diferencial, solicitar las pruebas necesarias y valorar qué tratamiento tiene realmente sentido.

Porque algunas veces la solución será bastante sencilla.

Cambiar cómo estás tomando el hierro.

Otras tendremos que mejorar la alimentación.

Otras tendremos que estudiar el intestino.

Otras descubriremos unas menstruaciones excesivamente abundantes.

Y en determinados casos tendremos que valorar hierro intravenoso.

Muchas veces habrá varias piezas ocurriendo simultáneamente.

La ferritina baja no es el diagnóstico final. Es una pista.

Las nuevas guías de 2026 nos ayudan a detectar mejor a personas cuyos depósitos de hierro pueden ser insuficientes.

Pero detectar el déficit es solamente el primer paso.

Después tenemos que entender por qué ha ocurrido.

Si tienes hierro o ferritina bajos, reglas muy abundantes, síntomas digestivos o llevas tiempo suplementándote sin conseguir recuperar tus depósitos, podemos ayudarte a investigar qué está ocurriendo detrás, no únicamente a pautarte otro suplemento.

En MPUNTI trabajamos conjuntamente desde Medicina y Nutrición, y cuando el caso lo requiere integramos también el abordaje digestivo y hormonal: revisamos tu analítica, alimentación, absorción, pérdidas menstruales, salud intestinal y posibles causas médicas del déficit para decidir qué estrategia tiene sentido en tu caso.

Reserva una llamada informativa con nuestro equipo y te explicaremos cómo podemos estudiar tu caso y qué programa encaja mejor contigo.


Referencias científicas

American Society of Hematology. 2026 Guidelines for Diagnosis of Iron Deficiency.
https://ashpublications.org/bloodadvances/article/doi/10.1182/bloodadvances.2025015950/570502/American-Society-of-Hematology-2026-guidelines-for

American Society of Hematology. ASH Sets New Standards for Diagnosing Iron Deficiency. 2026.
https://www.hematology.org/newsroom/press-releases/2026/ash-sets-new-standards-for-diagnosing-iron-deficiency

American Gastroenterological Association. Management of Iron Deficiency Anemia.
https://gastro.org/clinical-guidance/management-of-iron-deficiency-anemia/

Snook J, et al. British Society of Gastroenterology guidelines for the management of iron deficiency anaemia in adults. Gut. 2021.
https://gut.bmj.com/content/70/11/2030.long

Stoffel NU, et al. Iron absorption from supplements is greater with alternate day than with consecutive day dosing in iron-deficient anemic women. Haematologica. 2020.
https://haematologica.org/article/view/9379

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